El eco de la memoria 

I

En el jardín de mis días, tu presencia,

árbol de vida, mi amor, mi querencia.

Junto a la fuente, nuestros hijos, sol y luz,

un futuro pintado, sin ninguna cruz.

Nuestras manos unidas, la risa en el aire,

un paraíso forjado en nuestro andar.

II

Los años corren, cual río hacia el mar,

y el amor crece, sin poderlo parar.

Somos la roca, la calma y el viento,

dos almas fundidas en el mismo aliento.

Tu mirada, mi faro, mi hogar, mi verdad,

un universo entero en tu inmensidad.

III

Pero una sombra se cierne, un velo sutil,

un olvido que arranca las hojas de abril.

Una duda se asoma, un silencio atroz,

la memoria se apaga, pierde su voz.

"¿Quién eres tú?" me preguntas, con la frente ajada,

y el corazón se me rompe en la madrugada.

IV

Ya no soy tu amor, tu alma gemela,

sino el extraño que cuida tu estela.

Soy el guardián, el celador, el cancerbero,

el que vigila el sueño de tu febrero.

Tu mirada me cruza, sin reconocerme,

y el dolor me devora, me hace enmudecer.

V

El enemigo, el Alzheimer, se ha sentado a la mesa,

y nos ha robado la más bella promesa.

Ha borrado los besos, los secretos, la piel,

dejando un vacío amargo como la hiel.

El jardín se marchita, el sol ya no calienta,

y el eco de tu risa, el alma atormenta.

VI

Tu mano en la mía, pero el alma ya no,

es una caricia sin razón, sin un "te amo".

Buscas un pasado que ya no es,

una historia que en tu mente no tiene revés.

Y me miras con miedo, con extrañeza,

como a un fantasma sin su fortaleza.

VII

Los hijos te hablan, te abrazan con ternura,

y tú les respondes con una mirada pura.

Pero el hilo se ha roto, la conexión se ha ido,

y el amor que era un puente, se ha desvanecido.

Un niño sin padre, una madre sin guía,

un dolor que no cesa, que no tiene día.

VIII

Cada día que pasa, un trozo se va,

la luz se debilita, la vida se va.

El deterioro avanza, sin piedad, sin demora,

y el alma que me amó, a nadie añora.

Solo queda un caparazón, una cáscara vacía,

un eco lejano de lo que un día fue mía.

IX

El sufrimiento es un pozo sin fondo,

un grito ahogado en lo más profundo.

Un "te quiero" que no puede ser oído,

un adiós que no ha sido despedido.

Un corazón que sangra sin herida,

una vida que se apaga, deslucida.

X

Y a pesar de todo, te sigo cuidando,

con la esperanza que no deja de estar soñando.

Con un beso en la frente, un gesto de amor,

con la fe de que un día, volverás a ver mi color.

Pero la realidad me golpea con su crudeza,

y la esperanza se vuelve una pieza indefensa.

XI

No hay regreso, no hay mañana, no hay por qué,

solo un eterno hoy que no sé.

Una memoria que se disuelve en el aire,

un futuro que ya no puedo vislumbrar.

Y la ausencia, tu presencia, me quema,

un amor sin respuesta, un dolor, un emblema.

XII

Nuestros hijos crecen, te ven decaer,

y aprenden que el amor también es un dolor.

Un amor que no pide, que solo da,

que se entrega por completo, sin más.

Y yo, el cancerbero, el guardián, el doliente,

camino a tu lado, en este dolor persistente.

XIII

Tus ojos, antes estrellas, ahora son lagunas,

donde se pierden los recuerdos y las dunas.

Tu sonrisa, antes sol, ahora es una mueca,

un lamento del alma, que en el silencio peca.

Tu voz, antes música, ahora un susurro sin nombre,

un eco de un pasado, que nadie esconde.

XIV

El final es un camino que no se puede evitar,

la muerte es la única que te puede curar.

Una despedida sin un último beso,

un abrazo sin memoria, un silencio denso.

Y yo te sostengo, hasta el final de la vida,

tu amor, tu guardián, tu alma perdida.

XV

Y en el silencio de tu último aliento,

la vida se detiene en este momento.

El sol se apaga, el cielo se nubla,

y el eco de la memoria, se desdibuja.

Pero en mi corazón, siempre serás mi amor,

mi amor de toda la vida, mi eterno dolor.


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